About Me
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Me gusta viajar a cualquier rincón donde se pueda descansar, echar una buena chela o un buen café y conocer gente. Me encuentro en una etapa de retos y me encantan... No olvido mi pasado, amo mi presente, a mi familia, a mi pareja y a mis amigos...
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Interests
Viajar, caminar sin prisas, las cantinitas, las chelas y los cafés con los amigos, los libros, la música, la meditación, los cigarros, los gatos, la poesía, la pintura, el rock, el box, la escuela, mi familia, mis amigos, mi pareja, los sueños y los imposibles porque de lo posible se sabe demasiado...
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Favorite Music
Auténticos decadentes, Radio Tarifa, Pericos, Bunbury, Joaquín Sabina, Fito Paez, Manu Chao, Babasonicos, Café Tacuba, Los de abajo, Calamaro, Madredeus, la de Putumayo, los huapangos..
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Favorite Movies
Desde Los olvidados hasta el gran pez, el último tango en París, tres colores, el octavo día, cinema Paradiso, salón México, Corazón del tiempo, hasta las del Santo y los documentales de discovery y los de Michael Moore...
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Favorite Books
Rayuela, El Aleph, Historias de cronopios y de famas, El retrato de Dorian Gray, El lobo estepario, El misterio del solitario, En algún lugar de la selva Lacandona, La caverna, Los de abajo, El evangelio según Jesucristo, y todos los que tratan temas antropológicos...
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Favorite Quote
"L-Libertad. Dice Durito que la libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, y hay quienes caminan y desvelan la noche para alcanzarla". En algún lugar de la Selva Lacandona, pág. 154
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Journal
El primero de lo estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas. Aureliano no había sido más lúcido en ningún acto de su vida que cuando olvidó sus muertos y el dolor de sus muertos, y volvió a clavar las puertas y las ventanas con las crucetas de Fernanda para no dejarse perturbar por ninguna tentación del mundo, porque entonces sabía que en los pergaminos de Melquíades estaba escrito su destino. Los encontró intactos, entre las plantas prehistóricas y los charcos humeantes y los insectos luminosos que habían desterrado del cuarto todo vestigio del paso de los hombres por la tierra, y no tuvo serenidad para sacarlos a la luz, sino que allí mismo, de pie, sin la menor dificultad, como si hubieran estado escritos en castellano bajo el resplandor deslumbrante del mediodía, empezó a descifrarlos en voz alta. Era la historia de la familia escrita por Melquíades hasta en sus detalles más triviales, con cien años de anticipación. La había redactado en sánscrito, que era su lengua materna, y había cifrado los versos pares con la clave privada del emperador Augusto, y los impares con claves militares lacedemonias. La protección final, que Aureliano empezaba a vislumbrar cuando se dejó confundir por el amor de Amaranta Úrsula, radicaba en que Melquíades no había ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres, sino que concentró un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos coexistieran en un instante. Fascinado por el hallazgo, Aureliano leyó en voz alta, sin saltos, las encíclicas cantadas que el propio Melquíades le hizo escuchar a Arcadio, y que eran en realidad las predicciones de su ejecución, y encontró anunciado el nacimiento de la mujer más bella del mundo que estaba subiendo al cielo en cuerpo y alma, y conoció el origen de dos gemelos póstumos que renunciaban a descifrar los pergaminos, no sólo por incapacidad e inconstancia, sino porque sus tentativas eran prematuras. En este punto, impaciente por conocer su propio origen, Aureliano dio un salto. Entonces empezó el viento, tibio, incipiente, lleno de voces del pasado, de murmullos de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces. No lo advirtió porque en aquel momento estaba descubriendo los primeros indicios de su ser, en un abuelo concupiscente que se dejaba arrastrar por la frivolidad a través de un páramo alucinado, en busca de una mujer hermosa a quien no haría feliz. Aureliano lo reconoció, persiguió los caminos ocultos de su descendencia, y encontró el instante de su propia concepción entre los alacranes y las mariposas amarillas de un baño crepuscular, donde un menestral saciaba su lujuria con una mujer que se le entregaba por rebeldía. Estaba tan absorto, que no sintió tampoco la segunda arremetida del viento, cuya potencia ciclónica arrancó de los quicios las puertas y las ventanas, descuajó el techo de la galería oriental y desarraigó los cimientos. Sólo entonces descubrió que Amaranta Úrsula no era su hermana, sino su tía, y que Francis Drake había asaltado a Riohacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos más intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mitológico que había de poner término a la estirpe. Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó once páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.
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